Palabra Pública N°16 2019 - Universidad de Chile

desde sus años en el Pedagógico de la Universidad de Chile, hasta don- de llegó luego de un paso sin sentido por la Facultad de Derecho. Ahí pasó “años inolvidables”, llenos de una re- volución intentada entre lecturas de una filosofía que siempre se ha nega- do a abandonar, ya sea a ras de sue- lo, por los tejados europeos o en una América Latina que, como él, tributa a la existencia insomne, sobre todo en Buenos Aires, acota. En el “exilio interno” vivió de la escritura, la música, el taller, y por eso, hoy sus ojos brillan al pensar en la lucha de la juventud cansada de la bancarización de la vida, los abusos, el abandono; una juventud cansada de ver a sus abuelos, abuelas, madres y padres no llegar a fin de mes. De ahí que para resistir la desesperanza también cuajada hasta estos días, se ha develado que son buenos tiempos para la lírica. El quiere creer que este es sólo el comienzo en medio de una posmodernidad que nos empujó a formas fragmentadas que no dejaban ver esos hilos discursivos apuntalados en la gran historia. Hilos que hoy des- puntan como las arpilleras hechas de hilachas: “Esto que ha ocurrido desde el 18 de octubre es un acontecimien- to impagable e inesperado, que esa juventud vaya recuperando el sentido de la primera parte del 70 es una ma- gia que nadie se esperaba, es histórica. No murieron esos tres años maravi- llosos, sino que viven. Si nos centra- mos en la derrota no llegamos muy lejos, pero al recoger de otra manera esos tres años de los trabajadores chi- lenos no podemos pensar en derrota”. Un presente continuo No hay derrota posible cuando son millones lo que repudiaron a quien un día en un mall de La Dehe- sa gritaba: “¡Váyanse a su población, rotos de mierda!”. Pepe abre sus ojos claros para enfatizar que ese solo grito de odio, conectado con la Colonia in- terminable, dio cuenta de por qué es vital enrostrar que la desigualdad per- petúa la violencia, el dolor y la impu- nidad. Lo dice mientras nos acerca- mos a las cuatro de la tarde, cuando la Alameda comienza su metamorfosis, pasando lista a las banderas que reem- plazan a micros, taxis, autos, oficinis- tas. La escena es, para el poeta, como retomar un presente continuo borda- do por una resistencia al neolibera- lismo y las condiciones objetivas de un sistema que parecía impenetrable para quienes prefirieron los salones y el terciopelo del simulacro, la cocina . “Los partidos políticos no están a la altura. Deben trabajar desde abajo. Nosotros hicimos eso en las pobla- ciones y es algo que aprendí a partir de largas conversaciones, cuando viví siendo adolescente en Las Con- des, y nos juntábamos con personas tan inteligentes como mi amigo Ri- cardo Pincheira, que era estudiante de Medicina, socialista y del GAP, y que cuando tenía 26 lo sacaron de La Moneda y nunca más se supo de su paradero”, recuerda. Por eso, insiste, hay quienes se han quedado fuera de los acomodos desde siempre, como él o Enrique Lihn, Jorge Teillier —su gran amigo—, Rodrigo Lira, Pablo de Rokha, Juan Luis Martínez o Ro- sabetty Muñoz, recordada por Pepe cada tanto mientras busca la crónica de estos días en que la sangre ha esta- do teñida de torturas, ojos negados, muertes, y la esperanza se ha pinta- do en carteles, grafitis, bailes: “No son 30 pesos, son 30 años”, “Lucha como Marta Brunet”, “Falsa calma”, “Con bastidor y aguja, con cacerola y cuchara, seguiré luchando”, “No + Sename”, “Piedra contra la bala”, “Milico asesino, tu hijo es mi com- pañero de clase”, “Recuperamos la palabra pueblo”. Desde la publicación Treinta poe- mas del ex-poeta José Ángel Cuevas , de comienzos de los 90, ha pasado mu- cho y, sin embargo, este expoeta no ha dejado de escribir para que nada pase de largo. “Estoy escribiendo un libro sobre lo que está pasando; mira, te leo algo: Vivo en una pieza mugrienta, con un chal colgado en la ventana y qué, más allá se ve el cuadro de un pueblo del sur, palos parados que afirman mi cama solitaria, todo está lleno de libros viejos (…), sueño y sueño, que salgo por las cordilleras nevadas con todos mis amigos, y que vamos volando por la inmensidad ”. Para seguirlo sólo basta leer algunos de sus libros, rastreando ese viaje: Efectos personales y dominios públicos (1979), Canciones rock para chilenos (1987), Cantos amorosos y pa- trióticos (1988), Poesía de la comisión liquidadora , (LOM, 1997), Diario de la ciudad ardiente (LOM, 1998), Autobiografía de un ex tremista (La Calabaza del Diablo, 2009), Poesía del American Bar (Hebra Editorial, 2012), Maquinaria Chile: y otras es- cenas de poesía política (LOM, 2012). Conciencia callejera Pepe Cuevas se aferra al lienzo rojo, marco de un retrato necesa- rio. Pareciera que va a salir volando, como esa imagen que le da por per- seguir en sus letras postoctubre. “Co- mencé a pensar en este libro inme- diatamente, en forma inconsciente, cuando los jóvenes sacan esta voz. La voz de los jóvenes está recuperando la historia, porque la historia estaba “No murieron esos tres años maravillosos (del 70 al 73), sino que viven. Si nos centramos en la derrota no llegamos muy lejos, pero al recoger de otra manera esos tres años de los trabajadores chilenos no podemos pensar en derrota”. 64

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