Palabra Pública N°16 2019 - Universidad de Chile

“La institucionalidad en educación superior impuesta por Pinochet en 1981, recién se pondrá en discusión en 2014, al asumir Michelle Bachelet su segundo gobierno. El debate ha estado marcado por un contexto conceptual depauperado e intereses financieros desembozados”. E n un Chile onírico los celulares acumulan videos, textos e imágenes. A lo largo de más de cuatro mil kilómetros, en los ciento ochenta que separan la cordillera del mar, en este país tan improbable y, por eso mismo, tan real, es fácil detectar las fake news pues, hoy, son más verosími- les que la verdad factual. Gente en número desbordante deambula con carteles, gritos y cacerolas. Imposibles yu- xtaposiciones de videos de militares: uno jugando con civiles a que una pelota-globo no toque el suelo y otro causando una herida transfixiante en el muslo de un ci- vil. Hay muertos y heridos. Hay saqueos. Hay, y esto es inédito, incendios. Y hay mucha gente pacíficamente marchando. Gente que se acerca y rodea a militares en las afueras de sus cuarteles como si no supieran que estos portan armas letales. Un sueño. Si los sueños aspiran a satisfacer deseos inconscientes, quizás el de este pueblo sea el de reencontrarse. Devolverle un sentido a cada vida para que converja en un destino común. Que a cada cual de nuevo le permitan, a través de un fondo soli- dario, ayudar a alguna anciana para que ella pueda recibir la atención médica que necesita. Sabe que eso hoy le está prohibido. Quizás ya no quiere más seguir preocupándose sólo de sí mismo y sólo para sí mismo. Quizás también quisiera que sus hijos reciban una buena educación que no esté predefinida por el dinero que pueda pagar y que la reciban en un entorno plural, enriquecido por una diversidad de orígenes socioeco- nómicos, ideológicos, culturales. No intentaré señalar con certeza los determinantes causales de lo que hoy ocurre. Sí sugerir un factor permisivo. Como un edificio que se desploma cuando se destruye uno de sus muros estructurales, lo que vivimos hoy no hubiera ocurrido si no se hubiese arrasado con la educación pública en los niveles básico y medio. Y eso es lo que se ha venido haciendo por muchos años sin el menor remordimiento. Un documento del Ministerio de Hacienda de tiempos de Pinochet afir- maba que nada sería más perjudicial que tener una educación pública, gratuita y de buena calidad. En efecto, se argumentaba, eso desin- centivaría a las familias a querer pagar más por una mejor educación, perdiéndose ese espíritu competitivo basado en la libertad de elegir que está a la base de todo progreso. Puedo enviar copia facsimilar de ese documento a quien me lo solicitare. La Universidad de Chile ha jugado, desde la primera mitad del siglo XIX, un rol de torre de construcción permitiendo levantar ese y muchos otros muros estructurales para edificar esta república. El respeto a ese rol histórico y la tenaz defensa de ella que, en condiciones muy adversas, hizo su propia comunidad, impidió que la educación superior estatal corriera, en el período iniciado con la dic- tadura, la misma suerte que los niveles básico y medio. Pero si no pudieron destruir- la, cuánto esfuerzo hicieron por desnaturalizarla. Desde Pinochet, las universidades públicas chilenas fueron tratadas como universidades privadas sin dueño. Quienes marchan hoy están descontentos y frustrados. Muchos de ellos fueron engañados por un sistema que los empujó a endeudarse para acceder al espejismo 26

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