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GUSTAVO OPAZO MATURAKA
Tras de Arauco, dueña de grandes estancias, hundió su existencia en
una patriarcal lenidad. Los fértiles valles de las provincias se cubrieron
con sus descendientes, dedicados al trabajo agrícola , al calor de viejas
tradiciones, en sus casonas de vieja prosapia castellana,
Su c;xistencia, víctima de las leyes de la evolución, decayó , sumién–
dose casi en una completa aniquilación, por pérdida del poder
y
supre–
macía en la capital del Reino; para dar paso a otra, que vigorosa se
levantaba a su lado, adueñándose de su fortuna
y
de su nobleza. Es–
tos fueron los comerciantes vascos del siglo XVIII.
Sus nombres en los actos oficiales desaparecieron. las tierras
y
encomiendas pasaron a manos de los nuevos ricos. Tan notable fué
su desaparecimiento, que el monarca español Carlos UI , allá en la tran–
quilidad del Escorial , preguntó a uno de sus cortesanos
« ~ Qué
se han
hecho los descendientes de los Conquistadores de Chile"
.
'.
Los vascos vinieron a América tras el comercio, que no ejercieron
los descendientes de los conquistadores, por ser agricultores y tener a
aquella profesión como propia de portugueses o de judíos. Se hicieron
pronto ricos. Hombres de gran tino para los negocios, ahorrativos e
interesados, de poco talento , muy juiciosos
y
firmes para el trabajo
material, bien pronto fueron los primeros.
Los sabios españoles Jorge Juan
y
An tonio de Vlloa, que visita–
ron al país en el siglo XVIII, dicen de ellos: , Son por lo general de un
nacimiento bajo en España o de linaje poco conocido, sin educación
ni otro mérito
alguno
que los haga muy recomendables. » 'l: Después
que se casan entran a ser Regidores 'e inmediatamente obtienen los
empleos de Alcaldes ordinarios, de modo que en el espacio de diez u
once años se hallan gobernando una ciudad de aquellas,
y
objeto de los
aplausos y de las primeras estimaciones. Este es
el
hombre que antes
pregonaba por las calles con un fardillo en los hombros, vendiendo mer–
caderías menudas
y
algunas bujerías , que otro le dió fiadas, 'para que
empezase a traficar. »
No se libraron del espíritu vanidoso de ser nobles, y una vez ricos,
compraron títulos. resultando así los flamantes Marqueses X Condes
de la Colonia.
La vieja España se
rió
de sus pretensiones,
y
gran diferencia se
hizo entre los de Indias
y '
los de Castilla. Casi injusta encontramos
la apreciación que el Contador Real hizo del rico vendedor de paños del
Portal de Sierra Bella, al solicitar su pomposo título de Conde de la
Conquista. Este funcionario informó que era «sin mérito especial , pues
no los tenía particular, ni sus antepasados :t .